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Pregón pronunciado por Doña Encarna Rejón Ferrer. Año 2011

Pregón pronunciado por Doña Encarna Rejón Ferrer
Centro Cultural Federico García Lorca
2 de abril de 2011

Rvdo. Sr. Cura Párroco
Excmo. Sr. Alcalde
Sr. Presidente de la Asociación de Cofradías
Hermanos Mayores y Juntas de Gobierno de las Cofradías y Hermandades de Padul
Cofrades y hermanos en la fe Señoras y señores, amigos todos.

Ante todo daros las gracias por permitirme hacer el pregón. Cuando me lo propuso José Antonio, respondí que no, que no podía, que yo no era más que una simple cofrade del pueblo y que no sabía cómo se hacía. Después pensé que sí debía hacerlo, pues era una oportunidad que se me brindaba para manifestar mi fe y la suerte de pertenecer a la Iglesia.

Buscando cómo orientar el pregón, primero pensé seguir una línea popular-religiosa, pero este aspecto estaba magníficamente tratado en los pregones anteriores. Entonces me decidí por seguir la narración temporal de la 'Pasión que hacen los evangelistas, insertando en ella los pasos de nuestro desfile procesional. Como veréis no hay nada nuevo, nada que vosotros no sepáis. Incluso no estoy segura de que este pregón sea un auténtico pregón. Lo que sí os puedo asegurar es que lo he hecho con mucho cariño y le pido al Señor que Él haga por mí lo que yo no sé hacer. Gracias.

"Tengo sed" (Jn 19,28)

La Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús es todo un prodigio de amor, es la manifestación del amor infinito de Dios por el ser humano. En la creación Dios manifiesta su soberanía absoluta y en la cruz manifiesta su amor infinito. La cruz de Cristo es el amor de Dios hecho don, la cruz es el lugar del perdón.

Empezamos la Semana Mayor, el Domingo de Ramos con la procesión de las palmas por la mañana y por la tarde la procesión del Señor en la borriquilla.

A Jerusalén llegó la noticia de que Jesús estaba en Betania, en casa de Lázaro, al que Jesús había resucitado hacía poco y allí acudieron muchos judíos, unos eran seguidores de Jesús, pero otros eran curiosos que sólo querían ver a Jesús y a Lázaro juntos.

Jesús baja a Jerusalén para la Pascua como lo había hecho cada año; pero, este año no va como un peregrino más, sino que va acompañado de sus fieles seguidores. Cuando el cortejo pasa cerca de la aldea de Betfagé, Jesús dijo a dos de sus discípulos: "Id a la aldea de enfrente, y al entrar encontraréis una borrica atada, con su pollino aliado, desatadlos y traédmelos".

Los discípulos así lo hicieron y cuando llegaron con los animales se organizó el cortejo. Unos ponían sus mantos sobre el pollino, otros los extendían en el camino por donde había de pasar, y otros cortaron ramas de palmera y de olivo y los agitaban cantando: "¡Hosanna!" ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

" Hosanna" es una palabra hebrea que significa "ayúdanos, sálvanos ya", así empezamos la Semana Santa con una petición urgente de salvación.

A las puertas de Jerusalén, las voces no callan sino que arrecian y los gritos llegan a los oídos de los fariseos, los cuales gritan a Jesús: "Maestro, reprende a tus discípulos. ¿No sabes que tales palabras sólo al Señor pueden dirigirse y al que venga en su nombre?

Jesús les respondió: Yo os digo que si éstos callan, gritarán las piedras".

Desde hoy hasta el jueves Jesús continuó enseñando en el templo y en la sinagoga. El jueves, el primer día de los ázimos, Pedro y Juan, fueron enviados por Jesús, para preparar todo lo necesario para la celebración de la cena pascual.

La celebración litúrgica del Jueves Santo es fundamental dentro de las celebraciones del misterio pascual En esta celebración hay tres puntos clave: el lavatorio de los pies, el nuevo mandamiento y la institución de la Eucaristía.

Cuando dio comienzo la cena, Jesús observó que algunos de los comensales protestaban y estaban molestos porque creían que en la mesa no ocupaban el puesto que se merecían y discutían entre ellos sobre quienes eran los primeros y los más importantes. Jesús viendo esa situación decidió actuar. Se levantó, se quitó el manto, se ciñó un lienzo, cogió una palangana con agua y se puso a lavarles los pies. El Maestro haciendo una tarea propia de siervos, de esclavos.

Concluido el lavatorio, se puso de nuevo el manto y sentándose a la mesa, les preguntó: "¿Comprendéis lo que acabo de hacer? Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y tenéis razón, porque lo soy. Pues si yo que soy el Maestro y Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros.".

Cuando se reanudó la cena, Jesús se turbó y dijo: "Os aseguro que uno de vosotros me entregará". Todos preguntan: ¿Quién Señor?

Judas también preguntó: "¿Acaso soy yo, Rabí? Al oír esta pregunta, Jesús hizo un nuevo esfuerzo para salvarlo y respondió: "Tú lo has dicho".

Judas pudo elegir entre consumar su traición o pedir perdón, pero él, libremente, optó por su pecado. Entonces Jesús le dijo: "Lo que has de hacer, hazlo pronto."

Ninguno de los discípulos entendió lo que Jesús le había dicho. y Judas se fue. Era de noche. Noche fuera y noche en su corazón.

Una vez que Judas se había ido, Jesús les dijo: "Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Este es el mandamiento nuevo. A continuación Jesús dice cual debe ser el límite de ese amor, hasta donde se debe llegar: Como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros. Es decir, hasta la muerte. Y termina diciéndonos que este amor no es sólo de "boquilla" sino que tiene que plasmarse en obras: Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos."

En este momento la cena debía de estar muy avanzada, casi próxima a su fin. Es entonces, cuando Jesús instituye la Eucaristía. Tomando pan, lo bendijo, lo partió y se lo ofreció, diciendo: Tomad y comed; esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros.

Después tomó un cáliz con vino y dando gracias, se lo dio a beber a todos, diciendo: Bebed todos de él, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la alianza, que es derramada por todos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía".

La cena terminó pero el grupo continuó allí charlando. Fue entonces cuando Jesús les anunció la dispersión de los discípulos y que Pedro lo negaría.

Después todos salieron camino de Getsemaní. Una vez llegados al huerto, Jesús los invitó a acomodarse para pasar allí la noche.

Jesús en la Oración del Huerto. Jesús se retiró del grupo para orar, llevándose consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, los mismos que fueron testigos de su gloria en la Transfiguración, ahora contemplarán su debilidad y su angustia de hombre. Se apartó de ellos y cayó rostro en tierra, orando. Los tres testigos, desde donde estaban, podían ver y oír, cómo Jesús oraba:

"Abba (Padre): todo te es posible. Aparta de mí este cáliz. Pero hágase no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".

Los apóstoles se durmieron, estaban embotados por la tristeza y el cansancio de aquel día tan lleno de emociones.

Terminada la oración, Jesús se acercó a ellos y los despertó diciéndoles: "Ha llegado la hora: he aquí que el Hijo del hombre es entregado. Levantaos, vamos. El que me traiciona se avecina".

En este paso, Jesús, verdadero Dios, se muestra como verdadero hombre, y como tal sufre angustia y tristeza, abandono y soledad.

Mientras Jesús hablaba, Judas se acercó y lo besó, diciendo: "Salve, Maestro".

Jesús lo miró y le dijo: " Amigo, ¿a qué has venido?, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre? Judas no respondió. y se marchó.
Los guardias avanzaron hacia Él. Jesús adelantándose les preguntó: ¿A quién buscáis?". Contestaron: "A Jesús de Nazaret". Jesús dijo: "Yo soy".

Los guardias lo prendieron y condujeron ante Anás. Iniciándose el proceso de Jesús, primero el proceso religioso ante Anás y Caifás y luego el proceso civil ante Pilato.

Anás interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y sus enseñanzas.

Jesús contestó: "Yo he hablado públicamente al mundo; yo siempre enseñé en la sinagoga y en el templo, a escondidas no he dicho nada. ¿Por qué me interrogas? Interroga a los que me oyeron. Estos saben las cosas que yo dije."

Esta contestación de Jesús, provocó en Anás un gesto de enfado, que notó uno de sus servidores, y levantándose dio una bofetada a Jesús.

Así concluyó el interrogatorio de Anás. Que sin más lo envió a su yerno Caifás, sumo sacerdote aquel año.

Mientras en casa de Caifás se habían reunido algunos miembros del sanedrín para preparar el interrogatorio. Interrogaron a muchos testigos falsos y ninguno resultó convincente. Entonces Caifás, tomando una actitud solemne, interpeló a Jesús: " Te conjuro, por el Dios vivo, a que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.". La actitud de Caifás parecía la de un hombre que sólo quisiera saber la verdad para rendirse y entregarse a ella.

Jesús dirigiéndose al sumo sacerdote, respondió: "Tú lo has dicho".

Apenas oídas estas palabras, todos los miembros del sanedrín se levantaron y le preguntaron: "¿Eres, pues, el Hijo de Dios?". La contestación de Jesús fue: "Vosotros lo decís, yo lo soy".

Obtenida esta afirmación, el sumo sacerdote clamó: "¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Vosotros mismos habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece? y todos gritaron: "Es reo de muerte". Ya está, lo han conseguido. Ya está sentenciado.

Cuando Jesús fue prendido en Getsemam, todos sus discípulos se dispersaron, excepto Pedro y Juan que siguieron a Jesús y a los guardias hasta la casa del sumo sacerdote. Allí es donde Pedro negará a Jesús por tres veces. En la primera y segunda negación, cuando es preguntado si pertenece al grupo del Nazareno, Pedro responde: "No lo soy". Pero la tercera vez, cuando quien le interroga añade como prueba: "Tú eres de aquellos, pues eres galileo, tu acento te delata". Pedro se asusta y comenzó a jurar y maldecir para convencerlos de que nunca lo había conocido". En aquel momento cantó el gallo.

Entonces, Jesús, maniatado, cruzaba el patio y miró a Pedro. Este recordó lo que el Maestro le había dicho horas antes y abandonando la casa "salió fuera y lloró amargamente".

En el relato de la Pasión, dos veces se lee: Jesús miró a... Una vez, cuando Jesús mira a Judas que lo va a entregar: Jesús lo miró y le dijo:

Amigo... y otra cuando mira a Pedro después de las negaciones. Son dos miradas llenas de amor, de misericordia, de perdón y hay dos respuestas. Judas elige rechazar el amor que se le ofrece; Pedro elige reconocer su pecado y aceptar el amor, aceptar el perdón. Uno elige rechazar el amor que se le ofrece, otro elige aceptarlo. Estas son siempre las dos posturas del hombre ante Dios.

El sanedrín no puede ejecutar la sentencia de muerte a la que han condenado a Jesús, por eso acuden al procurador romano Poncio Pilato, que avisado de que los sacerdotes querían verle, salió a su encuentro, preguntándoles qué acusación es la que traían contra ese hombre.

Los judíos lo acusan diciendo: "Hemos encontrado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey".

El procurador entendió que la acusación carecía de fundamento; pero no podía sustraerse a la obligación de examinarla, porque si no lo hacía corría el riesgo de que los acusadores lo denunciaran a Roma. Entonces Pilato pasó al interior del pretorio, a donde había sido conducido Jesús y le preguntó: "¿Tú eres el rey de los judíos?". "¿Qué has hecho?". Y Jesús replica: "Mi reino no es de este mundo"... El procurador sorprendido respondió: "¿Luego, eres rey?". Jesús le responde: "Tú lo has dicho, yo soy rey".

Pilato comprendió que Jesús era totalmente inocente. Y saliendo fuera proclamó ante el sanedrín y el pueblo: "Yo no encuentro en Él culpa alguna".
Ante esta declaración, los acusadores se indignaron y repetían una y otra vez: "Subleva al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí". Cuando Pilato oyó Galilea, preguntó si Jesús era galileo, y si era así, pertenecía a la jurisdicción de Herodes. Y se lo mandó a Herodes para que él lo juzgara.

Herodes recibió a Jesús complacido, porque pensaba que obraría algún prodigio delante de él; pero Jesús guardó silencio y ni siquiera lo miró. Entonces Herodes mandó que lo vistieran de rey de burla y lo envió nuevamente a Pilato.

Cuando Pilato vio que Herodes se lo devolvía, se propuso buscar una salida para salvarlo y dirigiéndose a los judíos les dijo: "Me trajisteis a este hombre como pervertidor del pueblo, y he aquí que yo interrogándole ante vosotros, nada encontré de culpable en Él. Y Herodes tampoco. Por consiguiente, después de someterlo a un castigo, lo dejaré libre".

Es terrible esta sentencia. Jesús es inocente. Pilato, el juez, así lo afirma. Luego ¿por qué lo va a castigar? ¿Porque es inocente? o más bien ¿para complacer al poderoso, al que teme que le pueda perjudicar?

Con todo, después de esa cruel sentencia, Pilato sigue buscando la manera de librar a Jesús de la muerte. Era costumbre por la fiesta de Pascua, que el gobernador liberara a un preso y les propuso a los judíos a quién liberar, si a Jesús o a Barrabás. Y todos pidieron a gritos que a Barrabás. Entonces Pilato mandó ejecutar la terrible tortura de la Flagelación. Ante esta imagen, recordemos y meditemos nuevamente la sentencia: Nada encontré de culpa en él, por consiguiente lo castigaré...

Terminado el castigo, condujeron a Jesús nuevamente al procurador. Este empleó un último recurso para salvarlo: "Aquí os los traigo para que conozcáis que ninguna culpa encuentro en Él". Pilato pensaba que cuando los jefes y el pueblo judío lo vieran en el estado que había quedado después de la flagelación, se iban a conmover; pero, no, todos gritaron:

"¡Crucifícalo!"

Pilato insiste: "Tomadlo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en Él".

Los acusadores comenzaron a gritar: "¡Si libras a ése, no eres amigo del César! Quien se hace rey contradice al César". Al oír este grito, Pilato que sólo le importaba su posición social y su carrera política, cedió.

Dice el evangelista: era la hora sexta (poco antes de medio día) cuando Pilato entregó a Jesús para que fuese crucificado.

Ahí va el Nazareno camino del Calvario. El cortejo lo forman los soldados, el reo principal, que era Jesús y otros dos condenados, dos malhechores. Cada uno lleva su cruz y en ella su tablilla legal, que proclamaba su delito. La tablilla de Jesús, escrita en hebreo, griego y latín, contenía el texto dictado por Pilato: Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos".

El cortejo avanza con lentitud. Jesús cargado con la cruz, vacila, tropieza y cae. El Cristo de las tres caídas. y de un momento a otro podía caer para no levantarse. El centurión, temiendo esto, lo solucionó obligando a Simón de Cirene, que venía del campo y pasaba por allí, a llevar la cruz de Jesús.

Cuando Jesús se incorporó, vio entre la multitud, un grupo de mujeres que lloraban. y cuenta la tradición, que a lo largo de este trayecto, una mujer rompió el cerco de seguridad de los soldados y se acercó a Jesús con un paño y le limpió el rostro lleno de sangre, sudor y suciedad. En el paño se quedó impresa la imagen del rostro de Jesús. No sabemos el nombre de aquella compasiva mujer, la llamamos Verónica, palabra que significa "verdadera imagen = vero icono". Por tanto la Verónica es la mujer portadora de la verdadera imagen de Jesús.

Cuando contemplamos nuestra procesión nos conmovemos, nos emocionamos, pero nada más. Y es porque pensamos que la Pasión fue algo que sucedió hace ya mucho tiempo y que ya ha terminado.

La pasión de Jesús es dolor físico; es sentir angustia ante el dolor; es sentirse abandonado, sentirse víctima de una injusticia, es sentir el desprecio y la humillación. Todo esto es la pasión. y todo esto continúa sufriéndose hoy en el mundo.

Jesús nos dice en el evangelio (Mt 25): Cuando venga el Hijo del hombre para juzgar a todos, se dirigirá a unos y les dirá: Apartaos de mí: porque tuve hambre y no me distéis de comer; tuve sed y no me distéis de beber; fui forastero y no me alojasteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel y no me visitasteis. y respondieron ellos: ¿Cuándo te vimos hambriento, sediento, desnudo, enfermo, etc. y no te socorrimos? Y Cristo responderá: Os aseguro que cuando dejasteis de hacerlo con uno de estos, conmigo dejasteis de hacerlo.

Como vemos Jesús se identifica con todos los que sufren su particular pasión, en cualquier lugar y tiempo. Cristo se hace uno con el que sufre. Luego ¿podemos decir que la pasión ha terminado?

Llega el cortejo al Calvario y se procede a la Crucifixión: El Cristo Crucificado. Es poco después de medio día.

Una vez elevado en la cruz, Jesús pide perdón al Padre, intercede por nosotros. Perdonar es amar y para perdonar tanto hay que amar como sólo Dios ama.

Allí, en el Calvario había un pequeño grupo de gente formado por parientes y amigos: María su Madre, Juan, María de Cleofás, María Magdalena, etc. El Crucificado se dirige a su Madre y le dice: "Mujer, he ahí a tu hijo". Y dirigiéndose a Juan añadió: "He ahí a tu Madre". Es el testamento de un moribundo. Y nunca jamás, nadie ha recibido una herencia de más categoría. Y desde aquel día, Juan la recibió en su casa.

Jesús, estando ya en su agonía, exclamó: "Tengo sed". Este grito es atendido por uno de los soldados, el cual cogió una esponja, la empapó en una mezcla de agua y vinagre, y fijándola en una lanza se la acercó a los labios.

Fijaos, quien responde a este grito es un extranjero, un pagano, que interpretó literalmente el deseo de Jesús. Sin embargo, los judíos que allí estaban, seguro que interpretaron su grito con otro significado distinto, con el significado bíblico que tiene la palabra "sed": deseo, anhelo de amar y de ser amado. Jesús tiene sed, pero es sed de nuestro amor. La sed de Jesús en el momento cumbre de su pasión, no es sed de agua, es sed de nosotros.

Poco después, el Crucificado tuvo un estremecimiento y exclamó:

" Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". E inclinó la cabeza. Había muerto. Era alrededor de la hora de nona.

El Crucificado tenía que ser descendido de la Cruz y sepultado aquella misma tarde, antes de la puesta del sol, como prescribía la ley, y aquel día más aún, ya que al ponerse el sol comenzaba la Pascua. Por lo cual, José de Arimatea, miembro del sanedrín y a la vez discípulo de Jesús, se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo para sepultarlo. El procurador atendió la demanda, pero antes se aseguró de que el reo hubiera muerto. Preguntó al centurión y éste le certificó la muerte, entonces le concedió el cadáver.

José fue ayudado en el trabajo del descendimiento por Nicodemo, asistidos por las mujeres. María, la Madre de Jesús, lo acogió en su regazo. Nuestra Señora de las Angustias: fijaos cómo la madre contempla al Hijo, va en oración, va hablando con su Dios. ¿Cómo será este diálogo? Seguro que en esta oración estamos presentes nosotros, sus nuevos hijos de adopción.

Después se inicia el cortejo para llevar el cuerpo de Jesús al sepulcro. Con José y Nicodemo van otros hombres -los Nicodemus - portan el cuerpo con mucho cuidado, pero con diligencia porque el tiempo apremia. Les acompañan también el grupo de las Marías con el fin de ver donde ponen el cuerpo de Jesús, para que una vez pasada la pascua, volver allí y completar la tarea de embalsamar el cuerpo de su Maestro.

Terminaron el entierro antes de la puesta del sol. Jesús ya está colocado en el Santo Sepulcro. Giraron una gran piedra para tapar la entrada y se fueron.

El grupo regresa a Jerusalén. En él va Juan, el discípulo predilecto de Jesús. Los apóstoles se habían dispersado todos, habían desaparecido, sólo queda el joven Juan. ¿Es que él no tiene miedo? Tal vez sí; pero su amor por el Maestro es más fuerte y le impide huir, abandonarlo. Yo creo que este paso es el que mejor representa a los jóvenes. Mirad esos grupos de costaleros y costaleras que con tanta generosidad, sin poner límite a su esfuerzo, llevan los pasos. S. Juan siguió a Jesús en su vida pública, con entusiasmo y alegría, aún sabiendo que el camino es difícil, pero también sabe que es el único que conduce a la felicidad auténtica, porque la felicidad está en amar, en darse a los demás, en buscar la verdad, en respetar a los otros, en ayudar, en compartir. No os dejéis engañar por quienes os ofrecen una felicidad fácil (drogas, alcohol, sexo animalizado). Vosotros poneos metas altas, apuntar alto, podéis llegar, no temáis, porque Dios está con vosotros, está de vuestra parte. Shakira les cantó a los jóvenes futbolistas en el mundial: "Oye a Dios en tu corazón y nunca estarás solo".

En el grupo de regreso también va la Madre Dolorosa. Al contemplarla, recuerdo el texto evangélico de otra pascua, cuando Jesús tenía doce años y se perdió y es hallado en el templo. Dice el evangelista: Jesús volvió a Nazaret con María y José y añade: "María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón". Pues así va María, la Madre dolorosa, meditando todas estas cosas en su corazón.

En el Calvario se quedó la cruz vacía, la Cruz del sudario. Pero esta cruz ya no es símbolo de muerte, sino del triunfo de la vida definitiva sobre la muerte. La cruz será el símbolo del cristiano.

En nuestra procesión hay otro paso viviente: los soldados romanos, este paso, tan sencillo, es el puente entre la muerte y la resurrección. Nos lo cuenta el evangelista San Mateo (27, 62-66. 28, 11-15) : Algunos judíos principales, al día siguiente (sábado), muy temprano, fueron a Pilato y le dijeron: Señor, recordamos que ese impostor dijo: a los tres días resucitaré". Así pues, manda asegurar el sepulcro hasta el día tercero, no sea que vengan sus discípulos y roben el cuerpo. y digan al pueblo: Ha resucitado de entre los muertos.

Y Pilato puso a su disposición un piquete de soldados.

Los judíos fueron con los soldados, aseguraron el sepulcro, sellaron la piedra de la entrada y dejaron allí la guardia.

Al alborear del domingo ¿qué fue lo que sucedió? ¿Qué fue lo que los soldados contemplaron? No lo sabemos; pero algo extraordinario y maravilloso. Los soldados se asustaron. Y se plantean ¿qué hacer? Ir a sus jefes era muy peligroso.

Entonces decidieron que algunos de ellos irían a la ciudad a comunicar a los jefes de los sacerdotes lo que había ocurrido.

Los soldados no entendían nada de lo que había sucedido y ellos habían contemplado; pero los sacerdotes y los ancianos sí lo entendieron enseguida: Cristo había resucitado.

Y por eso, se reunieron los judíos y acordaron dar una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron su cuerpo, mientras dormíais. y si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros lo convenceremos y responderemos por vosotros.

Los soldados tomaron el dinero e hicieron lo que les habían dicho. Como veis, estos soldados, extranjeros y paganos, fueron los primeros testigos de la Resurrección y fueron los primeros en dar testimonio de ella. Esto es lo que representa este paso: ser testigos del fundamento de nuestra fe: la Resurrección.

Al mismo tiempo que los soldados presenciaban la resurrección, llegaban al sepulcro María Magdalena y las otras Marías y vieron a un ángel que les dijo:

" Vosotras no temáis; sé que buscáis a Jesús, el Crucificado. No está aquí, ha resucitado como dijo. Id en seguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y va delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis.

Las mujeres fueron corriendo a llevar la noticia. y Jesús les salió al encuentro y les dijo: "No temáis, id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán."

Es el Domingo de Resurrección. Es el destile de Gloria, el desfile de la victoria de la vida sobre la muerte. Cristo ha resucitado, y nosotros resucitaremos con Él.

Ya voy a terminar, pero antes quiero deciros una cosa. Mirad, ser cofrade es algo muy importante, es comprometerse a vivir la fe en comunión con los hermanos y en la Iglesia. Es vivir la fe de Cristo y la fe hay que alimentarla, cuidarla, cultivarla y... ¿cómo?

En primer lugar, el cofrade tiene que ser una persona de oración, el cofrade tiene que rezar, tiene que orar, es decir, tiene que hablar con Dios, contarle sus penas y sus alegrías, darle gracias por el don de su amor. El cofrade tiene que escuchar a Dios, tiene que buscar espacios y tiempos para rezar, tiene que saber convertir el trabajo en oración.

En segundo lugar, el cofrade tiene que celebrar los sacramentos, el Bautismo, la Reconciliación, el Matrimonio. El cofrade tiene que celebrar el sacramento de la Eucaristía. Es fundamental la celebración de la Eucaristía, participar en la Misa dominical, para robustecer la fe, para que crezca el amor a Dios y a los hermanos. No basta con ir de vez en cuando a Misa, si así lo hacemos nuestra fe será lánguida, sin vigor, aburrida.

En tercer lugar, el cofrade tiene que practicar la caridad. El cofrade no puede volver la espalda a las necesidades de los demás, empezando por los más cercanos. Hay que ayudar económicamente, sí; pero hay otras muchas maneras de ayudar.

En cuarenta lugares, el cofrade tiene que formarse. En estos tiempos en los que la sociedad nos empuja a vivir como si Dios no existiera; en donde cada uno pone los límites del bien y del mal donde le apetece; en una sociedad que niega los valores y que intenta marginar a la Iglesia, es el momento de la formación. La formación nos llevará a conocer más y mejor al Señor, y nos permitirá dar respuesta a los retos individuales y colectivos que ponen a prueba nuestra fe.

El cofrade debe estudiar y meditar asiduamente la Sagrada Escritura porque ella es la Palabra de Dios; debe conocer la Ética y la Moral cristiana, porque no todo lo que es legal es moral; debe conocer la Doctrina social de la Iglesia, para poder descubrir aquellas ideologías materialistas que destruyen a la persona.

Y por último, el cofrade tiene que dar testimonio, no puede avergonzarse de ser cristiano, tiene que defender la familia, defender la vida, defender la dignidad de la persona.

Y luego, una vez al año, salir a la calle para dar testimonio de su fe.

Que nuestra actitud en el desfile procesional sea un gran acto de evangelización, de modo que los que contemplen nuestra procesión se vayan pensando: hemos visto la fe de un pueblo cristiano.

Muchas gracias.

Modificado por última vez enJueves, 06 Junio 2013 06:31

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