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Miércoles, 19 Abril 2017 02:00

Las deudas de Albuñuelas Destacado

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Las deudas de Albuñuelas

Manuel Romero Castillo
Profesor del IES Astaroth en Rota (Cádiz)
Rota, 19 de abril de 2017

 “Somos hijos de la historia, hoy somos el fruto del ayer”.

deuda albunuelas 1

Valgan estas palabras a modo de introducción al interesante relato que el periódico granadino del siglo XIX ofrece sobre un hecho fundamental en la historia de Albuñuelas, que afectó al Valle de Lecrín por entero, así como a la provincia de Granada y a España y al extranjero.

LA FUENTE

El periódico El Defensor de Granada en 1885 informaba sobre la lamentable situación de Albuñuelas tras el terremoto del año anterior del día 25 de diciembre de 1884 y cómo los pobladores de Padul los socorrieron exponiendo sus propias vidas y economías personales:

Es imposible describir los horrores que nos rodean y el pánico que se ha apoderado de nosotros con la catástrofe de la noche del 25 de diciembre.

Este pueblo de Padul a la fuerte sacudida de las 9 menos 10 minutos, creyó perecer entre los escombros de sus casas y hoy no pueden achacar el resultado de su salvación a otra cosa que a la protección que se ha servido dispensarles su excelsa patrona Nuestra Señora de las Angustias. Ningún vecino pudo resistir encerrado en su vivienda el cuarto terremoto; los niños espuestos a la intemperie, los impedidos sacados en camas por los más animosos, y los que no sufrieron aquel suplicio dentro de sus viviendas, todos salían al campo, y alrededor de las hogueras que se improvisaron pasaron la noche poseídos del terror oyendo las continuas repeticiones del fenómeno continuamos pasando las noches en el campo, refugiados en barracas, que dan cabida a cinco veces más personas que las que pueden contener. Al siguiente día del terremoto y cuando el pánico aún no había desaparecido de los corazones de estos pobres habitantes el alcalde, en vista de que el pueblo necesitaba socorros y habiendo recibido noticias del inmediato pueblo de Albuñuelas, que ha desaparecido de esta provincia, escribió al pueblo para que con bestias, herramientas y ropas pasará a el auxiliar a sus hermanos.

No hubo necesidad de repetir la invitación, poniéndose dicha autoridad [alcalde] al frente de 400 vecinos y 300 caballerías, pasaron al desastroso punto, trayéndose a los que estaban vivos, y con trabajo, porque raro es el que no se retirara del campo de la catástrofe sin dejar enterrados a sus seres queridos de su alma.

La Comisión del Gobierno que se hallaba en Albuñuelas, no creyó oportuno trabajar en el desentierro de las víctimas por el peligro que ofrecían los restos de los edificios que quedaban en pie, y en el acto se volvieron con la comisión trayéndose a este pueblo y socorriendo con afán a multitud de desgraciados. Continuamente van y vienen a socorrer a sus vecinos y en cada casa de este pueblo hay más personas de Albuñuelas que las que pueden acoger y alimentar.

Hay muchos heridos graves, que en vista de la imposibilidad de su conducción por falta de camillas, no se hallan instalados en el hospital de sangre que se ha fundado bajo la iniciativa de los vecinos del Padul y fondos facilitados por esta Ayuntamiento, cuya conducta no puede ser más loable. Convendría que el Gobierno de Su Magestad y la Diputación facilitasen alguna cantidad al pueblo del Padul para ayudar a estos vecinos en la obra de caridad que vienen prestando con sus propias fuerzas, mucho más admirables por ser infelices que sólo viven de un escaso jornal y que atendiendo a los impulsos de su corazón tendrán que empeñarse y secuestras a sus hijos lo que hoy reparten llenos de alegría a los desgraciados de Albuñuelas.

La crónica refleja la solidaridad que tuvo el pueblo de Padul con sus vecinos más desventurados, muestra el valor que un pueblo, de forma totalmente desinteresada, altruista, y a costa de perder lo poco que poseían, lo pusieron al servicio de aquellas personas que lo habían perdido todo.

Observamos que la deuda que los nuevos pobladores tienen con Padul no se paga, pues gracias a la atención de los supervivientes los albuñolenses pudieron ir recuperándose poco a poco de un desastre natural tan implacable.

Tras sacar de los escombros a los que pudieron, se llevaron a los heridos más necesitados y costearon de su bolsillo un hospital de sangre, una instalación compuesta de camas, personas del pueblo. Todo lo pagaron los paduleños, TODO.

La voluntad de ayuda supera con creces los pocos medios. En la población hay únicamente un médico y un boticario, pero todo el pueblo se volcó en socorrer a los heridos. Gracias a la rápida intervención de su alcalde y de la familia Villena, verdaderos artífices de socorro y auxilio.

Otra deuda que posee esta población es con D. Luis Seco de Lucena, el director del periódico que dio la voz de alarma sobre lo que había sucedido en la población. Sus crónicas movieron los corazones de toda la península ibérica; incluso abrieron una cuenta para dejar el donativo.

Don Luis estuvo varias veces en la población, ayudó lo que pudo y no dejó de pensar ni un minuto en sus desventurados pobladores, lo demuestra con sus potentes artículos.

Tampoco podemos dejar de recordar todas las comunidades y organismos, nacionales e internacionales, que aportaron su granito de arena para remediar una situación tan grave y acuciante.

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Manuel Romero Castillo

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